Nutrición

La verdad sobre la Soja ¿un peligro para nuestra salud?

La verdad sobre la soja: un peligro para nuestra salud

Desde hace ya un par de décadas forma parte de la sabiduría popular la creencia de que la soja reporta innumerables e importantes beneficios para la salud. La publicidad por parte de la industria alimentaria y las instituciones, así como la creciente popularidad del vegetarianismo y el veganismo, han contrubuido a expandir esta idea. Pero ¿existe una base científica sólida tras estas afirmaciones? Recientes estudios afirman precisamente lo contrario: que la soja no es tan buena como se cree y que puede ser peligrosa para nuestra salud consumida en altas cantidades. Si quieres conocer más detalles, sigue leyendo.

¿De dónde viene la creencia de que la soja es buena?

En realidad, la industria alimentaria sabe desde hace años que la soja  puede perjudicar la salud. Esto se debe a que  es naturalmente tóxica, ya que contiene antinutrientes y sustancias que alteran los equilibrios hormonales. Y, al contrario de lo que se creen, durante su procesamiento no se eliminan estos componentes, sino se añaden otros venenos. La literatura científica viene documentando desde hace años (como por ejemplo en este artículo publicado en la revista Medicina Holística) que efectivamente aunque no sea transgénica, produce numerosas patologías.

La industria se ha limitado a pregonar sus bondades ocultando interesadamente los datos que podrían estropearle el negocio sin hacer mención alguna de que existen otros riesgos para la salud, ante la pasividad cómplice de las autoridades.  Ya en 1999 algunos miembros de la Administración de Medicamentos y Alimentos americana, basándose en estudios previos de los años 80 y 90 en los que se demostraba que la soja era perjudicial para la salud,  trataron de impedir que ese organismo avalara sus presuntos beneficios. O por lo menos lograr que se incluyeran advertencias sobre su consumo en las etiquetas de todos los productos que la contuvieran.

Pero fue en vano: El lobby de la soja ha logrado demonizar a la competencia –carne, leche, queso, mantequilla y huevos- , y la publicidad ha sido tan eficaz que la venta de productos de soja es hoy notable, y la proteína de soja se encuentra ya en la mayoría de los panes de los supermercados.

El consumo de soja en Oriente, el gancho

Uno de los principales motivos por los que se ha logrado extender la creencia de que la soja es beneficiosa es que la industria ha aprovechado el boom de lo oriental para promocionarla. La popularidad de la práctica de actividades como el yoga, el tai-chi, el chi-kung o la meditación, y la llegada de modas gastronómicas como el sushi o el pad-thai  han facilitado la asimilación de la idea de que las tradiciones orientales son beneficiosas para la salud, y que de ahí viene la longevidad de los asiáticos. De esta forma, se nos ha hecho creer que en Asia la soja se consume a diario en cantidades importantes, algo que explicaría la buena salud general de los orientales: está demostrado asiáticos tienen niveles más bajos de osteoporosis que los occidentales y  tienen una incidencia menor de cánceres de pecho, útero y próstata.

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Pero nada más lejos de la realidad: aunque es originaria de Oriente, lo cierto es que no es consumida de forma directa ni frecuente sino en pequeñas cantidades, de vez en cuando y siempre transformada en productos fermentados. La soja se considera allí  únicamente como un complemento alimenticio que se utiliza fundamentalmente como condimento en forma de salsa de soja y en otros productos fermentados que apenas se comercializan ni se consumen en Occidente, como el miso, el tempeh o el natto. Por tanto, la ausencia de osteoporosis por ejemplo no se debe al consumo de soja, sino a que su dieta es rica en vitamina D procedente de las gambas, el tocino y los mariscos así como del abundante calcio contenido en los caldos hechos con huesos.

La verdad sobre la soja: un peligro para nuestra salud

La verdad sobre la soja

Así, la industria vende la soja al consumidor de alto poder adquisitivo  como una sustancia milagrosa que previene el colesterol, las enfermedades coronarias y el cáncer, elimina los sofocos en la menopausia, fortalece los huesos y nos mantiene siempre jóvenes, pero existen evidencias científicas que prueban que estas afirmaciones no son ciertas.

La principal creencia respecto de la soja es que un alimento que sustituye a las proteínas de los productos de origen animal. Y aunque es cierto que es muy rica en proteínas, es relativamente pobre en el aminoácidos, que son los encargados de sintetizarlas para su correcta absorción por parte de nuestro organismo. También se afirma -y es cierto- que contiene ácidos grasos omega 3 beneficiosos, pero los procesos de elaboración de la mayoría de los productos a base de soja se desarrollan a altas temperaturas que desnaturalizan los ácidos grasos poliinsaturados y producen ácidos grasos trans-inactivos.

Supuestos beneficios de los alimentos realizados a partir de la soja

De la leche de soja y el tofu se ha resaltado siempre que contiene nutrientes de fácil asimilación, pero no se menciona nada acerca de los antinutrientes que también tiene.  Entre ellos los inhibidores de enzimas digestivos como la tripsina y otros necesarios para la digestión de proteínas. Y precisamente por esta razón la soja induce una marcada descalcificación, es deficitaria en hierro y vitaminas B12 y B1-. Además, los fitatos presentes en la cáscara de sus semillas bloquean la asimilación y la biodisponibilidad de minerales esenciales: calcio, magnesio, cobre, hierro y zinc.

Tampoco está claro que reduzca el colesterol y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares ya que contiene hemaglutininas, unas sustancias que promueven la formación de coágulos sanguíneos responsables de accidentes cerebrovasculares, trombosis, etc. Además, el consumo de soja no sólo no previene el cáncer sino que puede fomentar los cánceres ginecológicos, pancreáticos y tiroideos, según consta en abundante literatura científica. Esto sería no sólo por los patógenos que incluye, sino porque en su procesamiento industrial se produce lisinealina -sustancia cancerígena- y porque los productos utilizados para tratarla dejan otros residuos cancerígenos como el hexano.

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Los peligros de consumir soja en altas cantidades

A todo lo anterior habría que añadir que casi el 95% de la soja que llega a nuestras mesas es transgénica por lo que los productos derivados de ella serían aún más tóxicos y las consecuencias las siguientes:

  • Alteraciones alérgicas y casos de alopecia. La proteína de soja se encuentra en el segundo lugar de la lista de alimentos que producen alergias y genera el 25% de las reacciones graves.
  • Alteraciones del sistema nervioso y envejecimiento acelerado del cerebro. De hecho menciona que “un estudio realizado por el Centro Epidemiológico de Hawai (Estados Unidos) demostró que hay una relación significativa entre el consumo diario de dos o más raciones de tofu y una aceleración del envejecimiento cerebral. Quienes habían consumido habitualmente soja en su edad adulta tenían sus capacidades cognitivas más disminuidas y mayor incidencia de alzheimer y demencia.
  • Aumento de la ansiedad y del estrés, disminución de los comportamientos sociables, aumento del comportamiento agresivo.
  • Alteraciones del sistema inmunitario. La genisteína (una de las proteínas de la soja) tiene efecto inmunosupresor y produce alteraciones atróficas, y además se ha relacionado con la aparición de enfermedades autoinmunes en los niños.
  • Alteraciones endocrinas. En estudios que datan de la década de los 50 demostraron que la soja causa trastornos endocrinos en animales. Y entre esas alteraciones endocrinas cita alteraciones del páncreas  y del tiroides, que se ha demostrado posteriormente que afectan también a humanos e incrementan el riesgo de padecer diabetes.
  • Aumento de malformaciones en el nacimiento debido al consumo de isoflavonas (presentes en la soja) durante el embarazo.  El Soy Online Service recoge los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por la Universidad John Hopkins (EEUU) que apoyan la potencial conexión entre el consumo de isoflavonas durante el embarazo, las alteraciones tiroideas y los defectos de nacimiento.

Conclusión: mejor en pocas cantidades y siempre fermentada

En definitiva, lo que queda claro tras el estudio de la documentación científica disponible al respecto es que el negocio de la soja esconde intereses económicos y estratégicos muy alejados de los tan laureados beneficios para la salud que durante tanto tiempo se le han adjudicado y que han intentado inculcarnos. Son cada vez más los expertos que afirman que los productos fermentados de soja -el miso, el tempeh, la salsa de soja y el natto- se pueden ingerir pero con mucha moderación porque si no también son dañinos, pero no es en modo alguno aconsejable ingerir los productos que contienen ese alimento sin fermentar, leche de soja incluida.

1 Comment

1 Comment

  1. c

    2 enero, 2018 at 12:32

    Todas las leguminosas ,
    para aprovechar ls nutrientes
    se deben combinar a la hora d comer cn cereal integral,
    y d este modo tienen mas que la carne

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