Nutrición

Evitar el efecto rebote: aprende a comer bien y no lo sufras

Evitar el efecto rebote

Muchas personas pasan una gran parte de su vida perdiendo peso y engordando, no siendo capaces de encontrar un equilibrio permanente entre lo que comen y la energía que consumen. Así, evitar el efecto rebote debe ser prioritario, una vez que acabamos una dieta; es más, resulta vital a largo plazo, ya que de otro modo obligamos a nuestro organismo a adaptarse, y puede que en la próxima dieta no sea tan proclive a la pérdida.

En general, se podría decir que el objetivo de una dieta es perder peso, ¿verdad? Pues no es del todo cierto: el verdadero objetivo de una dieta es acostumbrar a nuestro organismo a consumir la cantidad justa de comida. Pero hay otros factores igualmente importantes que pasamos a tratar en los próximos apartados.

¿Cómo evitar el efecto rebote?

Comer sano

Saber alimentarse bien es la piedra angular para mantener un peso saludable de manera permanente.

Las cosas claras

No todo el mundo empieza una dieta por los mismos motivos ni con el mismo grado de sobrepeso. Cada cual persigue un objetivo diferente, sin embargo, por diversos que puedan ser los factores motivacionales, tener una vida más saludable suele estar en el centro de este cuadro que exhorta a las personas a perder peso. En cualquier caso, muy poca gente se hace las preguntas adecuadas antes de empezar una dieta, quizás porque desconocen el auténtico alcance de esta decisión para nada trivial.

Por ejemplo, nadie se pregunta si está dispuesto a cambiar su forma de comer para mejorar su salud, o acerca de los motivos que le han impedido hacer dieta hasta ahora, en cuyo caso, qué ha cambiado y cuándo lo ha hecho. No obstante, son premisas importantes; conseguir mantener una buena alimentación requiere de un proceso de concienciación previa.

No hay que pasar hambre

Tanto durante la dieta como después de esta, no es necesario pasar hambre para mantener el sobrepeso a raya. Se trata, más bien, de asimilar ciertas costumbres saludables basadas en la regularidad y en el control de la comida que ingerimos. Y, por qué no decirlo, en una estimación más o menos obsesiva de las calorías que consumimos.

Al principio, en las primeras dietas, es normal sorprenderse por la cantidad de calorías innecesarias que consumimos, especialmente a través de productos semielaborados, que pueden sustituirse por varias sesiones de comida sana al día.

La variedad y la introducción de nuevos ingredientes naturales puede prevenir el aburrimiento asociado a las dietas, y ser el revulsivo que nuestro cuerpo necesita para mantenerse siempre interesado en la comida saludable.

Finalmente, perder peso demasiado rápido puede tener consecuencias drásticas a largo plazo, así que take it easy.

No es conveniente eliminar los hidratos de carbono de manera rotunda

Según los expertos, las dietas que más rebote causan son aquellas que eliminan por completo, y con cierta rotundidad, los alimentos que aportan hidratos de carbono o azúcares. Básicamente porque no se puede vivir sin arroz, legumbres, patata, pasta, etc. Como es lógico, eliminar estos nutrientes brinda resultados muy rápidos, pero luego, después de la dieta, es normal que el organismo pida a gritos estos alimentos, que pueden consumirse en exceso debido a esa abstinencia.

Hay que aprender a disfrutar de la ligereza

Todo aquel que haya tenido problemas para digerir una cena copiosa sabe de lo que estamos hablando. No hay mayor placer que sentirnos satisfechos con una comida ligera, es decir, renunciar, casi por convicción a los atracones, y a los excesos sistemáticos que pueden limitar nuestra respuesta a los desafíos del día a día.

Todo resta

En nuestra batalla contra el efecto rebote, todo resta. Siendo parcos, si los excesos que referíamos en el apartado anterior acaban llegando, habrá que compensarlos comiendo más sano en los días posteriores. Resulta normal, una vez terminada una dieta, incurrir en visitas reiteradas, e innecesarias, a la despensa. La culpa puede ser, en esos primeros momentos, un poderoso aliado que equilibre la balanza a posteriori.

De igual forma, hay que hacerse consciente de cuando se está cometiendo un exceso. Normalmente, las personas que han estado a dieta saben medir con bastante exactitud las calorías que están comiendo. Este proceso de revisión energética debe seguir activo después de la dieta; el cerebro debe seguir pensando de manera subjetiva en esos términos, por lo que es conveniente tratar de ser conscientes de la magnitud de cada atracón.

La dieta de mantenimiento

Nuestro cuerpo sabe cuánto pesaba antes de hacer dieta y siempre va a intentar volver a ese peso, que está registrado a nivel celular. Esto significa que no podemos confiarnos, al menos durante los tres primeros meses; es necesario hacer una dieta de mantenimiento. Esta suele ser igual de estricta que la dieta inicial, aunque pone en manos del paciente el control de su alimentación, siempre bajo la supervisión de un especialista, siendo el objetivo principal no perder, sino mantener el peso. La idea es cambiar el peso celular, animar a nuestras células a pensar que el peso actual, que ha debido mantenerse durante cierto tiempo, es el nuevo peso.

Estos consejos nos ayudarán a evitar el efecto rebote y mantenernos en nuestro peso ideal de manera permanente. Eso sí, debe haber una predisposición por nuestra parte a cambiar nuestra relación con la comida.

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